La punta del iceberg (I)
Al levantarme, las marcas en las paredes eran cada día más notables, sobre todo por lo profundas. Parecía que durante la noche se hubiese librado una batalla en el lugar. Eran marcas como de piedras arrojadas con mucha fuerza, tal vez utilizando algún tipo de artilugio considerando la poca distancia. Inclusive, había dedos y manos marcadas cerca del techo que no estaban o no había visto antes.
Mi vida transcurre en un departamento chico, de un solo ambiente. Extrañamente, no recuerdo mis sueños de esos días, salvo pesadillas y que me despertaba agitado o gritando. Comencé a pensar que lo que sucedía era que, sonámbulo, hacía cosas extrañas por la noche sin poder recordarlas en la mañana.
Mi vecina, preocupada, me encaró un día en el pasillo.
-Hace varios días que no puedo pegar un ojo por el volumen de tu televisor! Te pido que por favor veas tus películas en horarios más lógicos, o uses auriculares. Yo entro a laburar temprano, ¿entendés?
-Pero si yo no miro televisión tan tarde... ¿A qué hora decís?
-Tipo tres, cuatro de la mañana se escucha un despelote, gritos, una película de terror parece...
Me quedé pensando.
-¿Estás segura que viene de mi departamento?
-Ayer salí al pasillo y estuve a un paso de tocarte el timbre para putearte. Justo apagaste la tele y yo por no armar kilombo a esa hora, volví a la cama.
(continuará)


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